A cada cerdo le llega su San Martín y, curiosamente, a este año 2024 le llega, como diría el poeta "por no hacer mudanza en su costumbre" en San Silvestre, sin que ello signifique que este que termina haya sido mejor o peor que los que le precedieron.
Esto del santoral y de la inmovilidad del calendario tiene su lado práctico: permite organizarse a los diversos ayuntamientos de nuestra querida geografía española para sablear a los vecinos y la Hacienda Pública se frota las manos en una fecha triste y señalada para el trabajador, que ve como el fruto de su trabajo se volatiliza y pasa a formar parte de eso tan abstracto que son las arcas del estado.
Un día de estos, San Martín dejará tranquilo a los años y, sobre todo, a las pobres bestias belloteras y fijará su mirada donde debe.
Mientras tanto, todos podemos recomendarle al santo nuestro óptico de confianza.
Vicente García Campo
29-XII-2024

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