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| Fotografía de Giuseppe Donatiello |
Un nuevo año.
Ayer nació (y van unos cuantos) un nuevo año. Y, como sucede año tras año, este viene cargado, para cada uno de nosotros, de promesas y de deseos; de ilusiones y de proyectos por empezar.
Hace tiempo que me olvidé de las promesas y respecto de los deseos pienso en ellos como un argumento gastado para el mago de Las mil y una noches. La ilusión no la he perdido y va pegada a mí como mi sombra, de manera que no necesito del arranque del año ni del cupón de la Once para recuperarla. Por último, eso de llamar proyectos a lo que no es sino el trabajo diario me parece tan fuera de lugar como llamar “obra faraónica” a una paella.
Las cosas buenas siempre son sencillas y sin etiqueta ni código de barras, así que si algo puedo compartir con mis lectores para los próximos trescientos sesenta y tantos días que restan hasta la próxima noche de San Silvestre es que ni se compliquen la vida ni, sobre todo, dejen que los bocazas de turno lo hagan por ellos.
Vicente García Campo
2-I-2025

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