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| De Kjetil Bjørnsrud |
VUELTA AL TAJO
Las inercias siempre resultan peligrosas. El ser humano es un animal de costumbres (malas) y se acomoda y prefiere lo pésimo a lo óptimo a condición de que se le ofrezca a través de una cómoda rutina.
Después de la Epifanía de los Reyes Magos me toca
¡Volver al tajo!
y…
… aunque procuro no anticiparme a los sucesos ni crear problemas donde no los hay, me imagino de madrugada camino de eso que llaman “el puesto de trabajo”.
[Téngase en cuenta que ahora imagino] En ese trayecto estoy adormilado, lo que no me impide maldecir mi suerte (mala) de obrerillo endomingado. Por si faltara poco, se escucha
Si eres de los que no tiene, a galeras a remar
Que es un viejo éxito de aquel grupo catalán que dio en llamarse “El último de la fila”.
[A partir de este punto he dejado de imaginar] Sé, por otro lado, que escapar de las fiestas navideñas es un alivio para más de uno.
Porque en Navidad, entre otras cosas navideñas, se improvisa mucho, demasiado. Por ejemplo, todos aquellos que sobrevivimos de lunes a viernes a base de menú, sabemos que el jueves toca paella y que eso es una ley tan sencilla y tan inmutable como
La Ley de Gravitación Universal
En cambio, ¿alguien pondría la mano en el fuego por el navideño canapé que ha preparado su cuñado? Es la incertidumbre absoluta. Da miedo. El cero absoluto de la gastronomía.
Mejor no preguntar, después de todo, el siete de enero a todos nos toca remar y apechugar para que se mueva la galera y, puestos a ello, mejor que sea con el estómago lleno aunque sea a base de canapés (malos).
Vicente García Campo
6-I-2025
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